¿Te suena?
“Otra vez toca reimprimir la carta”
Subió el precio del queso y ahora tu carta dice un precio que ya no es. Tachas con esfero, pegas un papelito encima o le explicas a cada cliente que "ese precio cambió".
Se acabó un plato y el cliente lo pide igual porque sigue en la carta. Y cada vez que quieres cambiar algo, reimprimir cuesta plata y tiempo que no tienes.